lunes, 12 de octubre de 2020

Campanas al vuelo

 Hoz de Arreba



El voltear de las campanas se percibe desde los rincones más lejanos del pueblo, la  gente se emociona al sentir el agudo y penetrante sonido de las  inapreciables y dulces campanas. Incluso son  algunos perezosos, los que cada domingo se despiertan con su sonar. Solo son dos, no muy grandes  pero desde el centro del pueblo resuenan con fuerza y su eco llena el Valle con su clara y acompasada melodía alegrando a todos sus habitantes sin importar el que sean religiosos o no.


Al poco de  empezar a sonar, los arboles cercanos se vacían de pájaros, todo ser viviente se percata del repique, hasta los perros dejan oír su aullido prolongado. Los  pueblerinos saben perfectamente el significado de cada repicar.


Un  volteo  rápido y vigoroso anuncia que es  domingo o día festivo. Un toque sosegado, con cariz lastimero es conocido por todos  como el toque de difuntos y  un clima entristecido invade el pueblo tras su sonar. Se respira respeto. El toque de la gloria indica un desgarrador suceso; la muérte de un niño  aunque por suerte hace ya mucho desde la última vez. Un repique  precipitado e indefinido vaticina una catástrofe, pone  en alerta a todos los habitantes y se demuestra en cada ocasión la unidad del pueblo, nunca decepciona.


El campanario siempre está abierto para que ante cualquier imprevisto que pueda surgir las campanas estén a disposición del pueblo. Han  sido  repetidas las  ocasiones en las que gracias a las campanas se ha evitado que un conato se convierta en tragedia.


En el pueblo el  respeto a lo establecido por la costumbre y la tradición sigue vigente; ni a los jóvenes más rebeldes se les ocurre quebrantar esta norma, la mayor travesura  de los pequeños es tirar pequeñas  piedras demostrando así fuerza y puntería  haciendo sonar tímidamente  las majestuosas campanas. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario