Seguro que todos conocemos a algún amigo o familiar que se ha propuesto iniciar una dieta cetogénica, paleo, vegana o cualquier otra que ha escuchado en redes sociales u otros medios de comunicación donde la han vendido como el milagro definitivo para bajar el porcentaje de grasa, mejorar la estética y en pocas semanas, conseguir un cuerpo atlético.
En principio, resulta intachable marcarse este tipo de objetivos, siempre y cuando este proceso de pérdida de grasa y en definitiva estos cambios en los hábitos alimentarios no afecten a la salud, que es en primera instancia el factor más importante que tenemos que mantener a largo plazo independientemente del objetivo que tengamos en mente.
Sin embargo, es muy frecuente observar cómo estas personas inexperimentadas en el ámbito de la nutrición que se inician en una dieta, siguen estrictamente las indicaciones de la dieta y motivados por los cambios prometedores que experimentan las primeras semanas, de la noche a la mañana, se estancan, pierden el ánimo y abandonan. Entonces, ¿Qué pasa con estas dietas? ¿Por qué la gente abandona?
Lo primero que me gustaría destacar es que consecuentemente de la gran variedad de dietas que nos encontramos en auge hoy en día, se está poniendo en segundo plano lo realmente importante: el paciente y sus características. Es decir, nos presentan los protocolos nutricionales que están de moda como si fueran la panacea para vivir 100 años sin tener en cuenta el contexto individual de cada sujeto.
Por lo tanto, estamos obviando un principio básico de la biología, que es la biodiversidad, es decir todos somos diferentes, tenemos gustos diferentes, con expresiones genéticas diferentes etc. En definitiva el remedio de una persona puede ser el problema para tu caso en concreto, o viceversa.
Además el ser humano por naturaleza, tiende a ser reduccionista e impaciente ya que quiere conseguir todos los objetivos que tiene marcados en el menor tiempo posible y sin esfuerzo. Esa es la razón por la cual nos gusta adueñarnos de una única estrategia nutricional con la esperanza de que existe un santo grial que nos va a permitir cubrir todas las variantes de la salud sin necesidad de levantarnos del sofá.
Sin embargo, la cruda realidad se aleja totalmente de los paradigmas que la gente tiene instalados acerca de las dietas. Por consiguiente, llegados a este punto,¿cuáles son las claves de una dieta? ¿Qué es lo que determina que una dieta triunfe o fracase?
Como he dicho, la planificación de una dieta se tiene que adecuar al paciente, por ello las pautas que esta debe incluir son las siguientes:
Por una parte, el contexto individual de la persona, es decir, estudiar el estilo de vida del paciente, sus horarios, su actividad diaria etc.
Por otra parte, hay que ser coherente con el objetivo del paciente. Esto implica saber si la persona con la que tratamos quiere perder grasa, quiere ganar masa muscular, quiere acelerar el metabolismo, o simplemente quiere mejorar todas las variables de la salud.
Además otro aspecto fundamental consiste en respetar las preferencias nutricionales de la persona, hasta cierto punto por supuesto. Con esto quiero decir, que debemos ser cautelosos con los alimentos que recomendamos ingerir por muy beneficiosos que sean ya que si nuestro paciente no se siente atraído, ya sea por que no le gusta o porque le es inviable consumirlos por razones económicas, lo único que vamos a conseguir es que tire la toalla. A parte de los gustos del paciente, en este punto es necesario resaltar que no debemos prohibir ningún alimento, sino concienciar a la persona que cuenta con ese punto de libertad para que se pueda permitir esos caprichos que tanto ansía en momentos esporádicos del proceso. De esta forma vamos a conseguir motivar a la persona y proporcionarle un respiro a nivel mental.
Por último, como punto más importante a tener en cuenta al planificar una dieta y que engloba el resto de puntos mencionados es la adherencia. Sin duda, el hecho de que una dieta sea adherente, que se adapte perfectamente a la persona, que le motive a continuar, que no le suponga ningún esfuerzo sobrehumano llevarla a cabo y que la persona esté contenta con ella es lo que va a permitir los resultados positivos a medio y largo plazo y en resumen el éxito de la dieta.
Como conclusión, me gustaría acabar con una frase que resume perfectamente el propósito de este texto: no dejes que el árbol te tape el bosque. Es decir, deja de pensar que existen dietas milagrosas y estrategias nutricionales que te van a transformar la salud y concéntrate en el bosque formado por el ejercicio, el descanso, la gestión del estrés y por último en una dieta individualizada y bien diseñada por un profesional de la salud.
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